Al Shabab mantiene a Somalia al borde de una nueva crisis humanitaria y de seguridad

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Somalia atraviesa una nueva etapa de enorme presión humanitaria y de seguridad, marcada por la persistencia de la violencia de Al Shabab, el desplazamiento de población, la inseguridad alimentaria y la reducción de los recursos disponibles para atender a millones de personas.

El panorama se ha complicado todavía más durante 2026 por los efectos acumulados de las sequías, los conflictos armados y las dificultades para garantizar el acceso de las organizaciones humanitarias a algunas de las zonas más afectadas.

Las Naciones Unidas estimaron a comienzos de año que 4,8 millones de personas necesitarían asistencia humanitaria en Somalia durante 2026. La cifra, aunque inferior a la estimada para 2025, no representa necesariamente una mejora de las condiciones de vida: la ONU explicó que la reducción obedecía principalmente a un cambio en la definición de necesidades humanitarias.

A esta situación se suma la actividad de Al Shabab, organización armada vinculada a Al Qaeda que continúa controlando o ejerciendo influencia sobre determinadas zonas del centro y sur del país y que mantiene la capacidad de ejecutar ataques, emboscadas y atentados contra objetivos gubernamentales y civiles.

Al Shabab continúa siendo una amenaza central para Somalia

Al Shabab surgió a mediados de la década de 2000 como una de las principales organizaciones insurgentes de Somalia y posteriormente consolidó su relación con Al Qaeda. Aunque perdió el control directo de Mogadiscio en 2011 frente a las fuerzas gubernamentales respaldadas por tropas internacionales, no desapareció como fuerza militar.

Por el contrario, el grupo se adaptó a una estrategia basada en ataques asimétricos, atentados con explosivos, asesinatos selectivos, emboscadas y ofensivas contra posiciones gubernamentales.

Su permanencia ha impedido que el Gobierno Federal de Somalia consolide completamente su autoridad sobre todo el territorio nacional.

El problema no es exclusivamente militar. En las zonas donde el Estado tiene una presencia limitada, la actividad de Al Shabab también afecta el movimiento de personas, el comercio, el transporte y la llegada de asistencia humanitaria.

La organización ha conseguido explotar durante años las debilidades institucionales, las disputas políticas y las condiciones de pobreza y vulnerabilidad que afectan a buena parte de la población.

Baidoa se convirtió en uno de los principales focos de tensión

La situación se hizo especialmente delicada en Baidoa, una de las ciudades más importantes del suroeste de Somalia y un punto fundamental para la asistencia humanitaria.

En agosto de 2026, intensos enfrentamientos en la ciudad dejaron decenas de muertos y cerca de un centenar de heridos, según funcionarios sanitarios citados por Associated Press. El Gobierno somalí acusó a fuerzas vinculadas al antiguo presidente del estado de South West de combatir junto a integrantes de Al Shabab.

Los combates fueron particularmente preocupantes porque Baidoa alberga a una enorme población desplazada por conflictos, sequías y hambre.

A comienzos de septiembre volvieron a producirse enfrentamientos en las inmediaciones de la ciudad. Las autoridades somalíes afirmaron que sus fuerzas respondían a ataques de milicias y combatientes de Al Shabab contra posiciones gubernamentales. Los enfrentamientos provocaron nuevos desplazamientos y dejaron decenas de personas afectadas.

Esto demuestra que la emergencia somalí no responde a un único conflicto. La población se encuentra expuesta simultáneamente a la insurgencia de Al Shabab, disputas políticas y territoriales entre actores somalíes, violencia entre clanes y fenómenos climáticos extremos.

La violencia dificulta la llegada de ayuda humanitaria

Uno de los principales problemas de la crisis humanitaria en Somalia es que muchas de las personas que más necesitan asistencia viven precisamente en lugares donde resulta más difícil entregar alimentos, agua y servicios médicos.

El plan humanitario de Naciones Unidas para 2026 advertía que el acceso continuaría siendo limitado debido a la combinación de conflicto, fragmentación política y fenómenos climáticos.

Las restricciones afectan especialmente regiones como Middle y Lower Shabelle, Hiraan, Bay, Bakool y Lower Juba, donde los enfrentamientos, los puestos de control, los artefactos explosivos improvisados, las emboscadas y otros riesgos complican el desplazamiento de los trabajadores humanitarios.

La situación también incrementa los costos de las operaciones. Las organizaciones deben modificar rutas, utilizar transporte aéreo en determinadas zonas y, en algunos casos, recurrir a escoltas de seguridad.

El propio coordinador humanitario de Naciones Unidas en Somalia, George Conway, señaló en agosto que durante el segundo trimestre de 2026 se registraron 41 incidentes que obstaculizaron el acceso humanitario.

Una parte de esos incidentes estuvo relacionada con operaciones militares y hostilidades, mientras que otros incluyeron violencia o amenazas contra trabajadores humanitarios e interferencias con las actividades de asistencia.

Millones de personas enfrentan hambre

La crisis de seguridad ocurre mientras Somalia enfrenta una grave emergencia alimentaria.

En mayo, Naciones Unidas y sus agencias humanitarias advirtieron que aproximadamente 6 millones de personas, equivalentes al 31 % de la población, enfrentaban niveles de inseguridad alimentaria de crisis o peores entre abril y junio de 2026.

El mismo análisis calculó que alrededor de 1,9 millones de niños sufrirían desnutrición aguda durante el año, incluidos unos 493.000 casos de desnutrición aguda grave.

La situación no se limita a la falta de alimentos. La escasez de agua, la pérdida de ganado, las malas cosechas, las enfermedades y el desplazamiento están debilitando la capacidad de las familias para recuperarse.

En febrero, la ONU había advertido que casi 6,5 millones de somalíes enfrentaban niveles elevados de hambre y que más de 1,8 millones de niños estaban en riesgo de sufrir desnutrición aguda durante 2026.

El clima vuelve todavía más vulnerable a la población

La inseguridad no puede entenderse separada de los fenómenos climáticos que han golpeado a Somalia durante los últimos años.

El país ha sufrido períodos prolongados de sequía, seguidos en determinadas zonas por inundaciones que destruyen viviendas, caminos, cultivos y medios de subsistencia.

Para finales de 2026, las autoridades y Naciones Unidas también se prepararon para posibles lluvias intensas asociadas con el fenómeno de El Niño.

El Programa Mundial de Alimentos advirtió el 23 de septiembre que 5,4 millones de personas podrían enfrentar niveles de hambre correspondientes a crisis o peores entre octubre y diciembre, mientras que aproximadamente 1,5 millones podrían encontrarse en niveles de emergencia o superiores.

El riesgo es especialmente grave porque una inundación puede destruir en cuestión de días los pocos recursos que una familia ha conseguido conservar después de años de sequía y desplazamiento.

La crisis de financiación agrava el problema

A la violencia y al clima se suma otro factor determinante: la reducción de los recursos destinados a la ayuda humanitaria.

El plan de respuesta humanitaria de Somalia para 2026 solicitó 852 millones de dólares para proporcionar asistencia vital y protección a 2,4 millones de personas consideradas prioritarias.

Sin embargo, Naciones Unidas señaló desde enero que la reducción de fondos internacionales estaba obligando a disminuir la presencia humanitaria en algunas zonas precisamente cuando las necesidades seguían siendo elevadas.

En mayo, la ONU informó que el plan humanitario apenas estaba financiado en un 15,2 %, mientras que alrededor del 90 % de las personas necesitadas recibían poca o ninguna asistencia.

La falta de financiación puede tener consecuencias directas: menos alimentos, menos atención sanitaria, menor capacidad para tratar la desnutrición infantil y menos recursos para responder ante nuevos desplazamientos.

El hambre y el conflicto se retroalimentan

Uno de los aspectos más preocupantes de la situación somalí es que la violencia y la emergencia humanitaria se refuerzan mutuamente.

Cuando una familia pierde su vivienda o sus animales por la sequía o los combates, puede verse obligada a desplazarse hacia ciudades como Baidoa o Mogadiscio.

La llegada masiva de personas desplazadas aumenta la presión sobre los servicios de salud, los mercados, el suministro de agua y los campamentos.

Al mismo tiempo, las comunidades que permanecen en zonas rurales pueden perder acceso a sus cultivos y animales, lo que incrementa su dependencia de la asistencia humanitaria.

La presencia de Al Shabab añade otra barrera porque las organizaciones deben evaluar constantemente si pueden acceder a determinadas áreas sin poner en riesgo a sus trabajadores.

Baidoa concentra buena parte de las consecuencias

Baidoa es un ejemplo particularmente claro de cómo se superponen las diferentes crisis.

La ciudad ha recibido durante años a personas que abandonaron sus hogares debido a la sequía, el hambre y la violencia. Por ello, cualquier nuevo enfrentamiento puede tener consecuencias que van mucho más allá de las personas directamente involucradas en los combates.

Los enfrentamientos registrados en agosto ya habían puesto bajo presión a un sistema sanitario que atiende tanto a la población local como a cientos de miles de desplazados.

Además, los combates pueden interrumpir carreteras y rutas de suministro fundamentales para llevar alimentos y medicamentos a comunidades cercanas.

La situación de niños y mujeres es especialmente preocupante

Los menores se encuentran entre los grupos más afectados por la combinación de conflicto, hambre y desplazamiento.

Naciones Unidas ha documentado graves violaciones contra niños en Somalia, incluyendo asesinatos, mutilaciones, reclutamiento y utilización por grupos armados, secuestros y ataques contra escuelas.

En los registros de 2025 se verificaron 2.195 violaciones graves contra 1.703 niños, mientras que 701 menores fueron reclutados o utilizados por actores armados. Naciones Unidas señaló además que una proporción importante de las violaciones graves estuvo vinculada a Al Shabab.

Las mujeres y las niñas también enfrentan riesgos particulares durante los desplazamientos y en los asentamientos informales.

La falta de financiación ha afectado servicios de salud sexual y reproductiva y programas de protección frente a la violencia de género. UNFPA informó en julio que más de la mitad de los centros registrados de atención a víctimas de violencia de género habían cerrado o reducido sus operaciones debido a las limitaciones financieras.

La misión africana también enfrenta dificultades

El Gobierno somalí continúa dependiendo en buena medida del respaldo internacional para enfrentar a Al Shabab.

La Misión de Apoyo y Estabilización de la Unión Africana en Somalia, conocida como AUSSOM, tiene un papel central en el respaldo a las fuerzas somalíes.

Sin embargo, su futuro financiero se ha convertido en una preocupación.

Estados Unidos anunció durante 2026 que dejaría de respaldar a partir de 2027 determinadas contribuciones logísticas y operativas de Naciones Unidas destinadas a la misión africana. Reuters informó que la decisión genera dudas sobre la capacidad de AUSSOM para mantener sus operaciones, dado que la misión depende del apoyo internacional para elementos esenciales como combustible, alimentos, transporte y atención médica.

La incertidumbre es especialmente importante porque una reducción significativa del respaldo internacional podría producir un vacío de seguridad en determinadas zonas.

El Gobierno busca recuperar territorio y fortalecer al Estado

Las autoridades somalíes han intentado durante los últimos años recuperar territorios controlados o disputados por Al Shabab y fortalecer las instituciones estatales.

Sin embargo, los avances militares no han sido suficientes para acabar con la capacidad operativa de la organización.

El Gobierno también enfrenta disputas políticas internas entre las autoridades federales y algunos estados regionales. Estas diferencias pueden complicar la coordinación de las operaciones de seguridad y reducir la capacidad del Estado para concentrar recursos en la lucha contra Al Shabab.

La situación de Baidoa durante 2026 es un ejemplo de esa dificultad: mientras el Gobierno federal combate a Al Shabab, también ha tenido que enfrentar a fuerzas políticas y militares vinculadas a la disputa por el control de South West State.

Una crisis que va mucho más allá del terrorismo

Presentar la situación exclusivamente como una guerra contra Al Shabab sería insuficiente.

La emergencia actual es el resultado de varios factores que se han acumulado durante décadas: fragilidad institucional, conflictos armados, pobreza, sequías, inundaciones, desplazamiento interno, inseguridad alimentaria, enfermedades y una creciente falta de financiación internacional.

Al Shabab es uno de los principales factores de inseguridad, pero la crisis humanitaria también está determinada por las condiciones climáticas y económicas del país.

Precisamente por ello, Naciones Unidas ha insistido en que la respuesta debe combinar ayuda humanitaria inmediata con medidas de desarrollo, fortalecimiento institucional, adaptación climática y construcción de paz.

Somalia enfrenta meses decisivos

El último trimestre de 2026 puede convertirse en un período especialmente delicado para Somalia.

La combinación de enfrentamientos, desplazamiento, inseguridad alimentaria, posibles inundaciones y falta de financiación amenaza con aumentar todavía más las necesidades de la población.

Las autoridades somalíes y las Naciones Unidas preparan medidas para responder a posibles inundaciones durante la temporada de lluvias, pero la capacidad de respuesta sigue condicionada por la escasez de recursos.

Mientras tanto, Al Shabab conserva la capacidad de alterar la seguridad de amplias zonas del país y de dificultar la movilidad de civiles y trabajadores humanitarios.

La crisis humanitaria en Somalia, por tanto, no parece tener una solución inmediata. El desafío consiste no solo en contener militarmente a Al Shabab, sino también en garantizar que las comunidades puedan recibir alimentos, agua, atención sanitaria y protección, al tiempo que el Estado recupera capacidad para gobernar y prestar servicios.

La situación demuestra que, en Somalia, seguridad y asistencia humanitaria están profundamente conectadas: cada nuevo enfrentamiento puede provocar desplazamientos, cada desplazamiento aumenta las necesidades de ayuda y cada recorte de asistencia deja a las familias más expuestas frente al siguiente golpe.

Si el deterioro de la seguridad coincide con nuevas inundaciones y una financiación humanitaria insuficiente, el país podría afrontar una nueva escalada de sus necesidades durante los últimos meses de 2026.


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