Por: Laura Cabanzo
Colombia es reconocida mundialmente por su riqueza natural y biodiversidad. Sin embargo, esta ventaja se encuentra seriamente amenazada por un modelo de desarrollo que prioriza la explotación de recursos naturales sobre la protección ambiental y el bienestar de las comunidades.
La deforestación en regiones como la Amazonía alcanza niveles alarmantes. La expansión de la frontera agrícola, la ganadería extensiva, la minería ilegal y la construcción de infraestructura sin planificación ambiental han provocado la pérdida acelerada de ecosistemas estratégicos. Esta situación no solo afecta la biodiversidad, sino que contribuye al cambio climático y pone en riesgo el acceso al agua.
La minería ilegal es otro de los grandes problemas ambientales del país. Además de contaminar ríos con mercurio y destruir suelos, esta actividad está estrechamente ligada a grupos armados ilegales, lo que agrava la violencia en los territorios.
Las comunidades indígenas y campesinas son las más afectadas. Muchas veces, sus territorios son explotados sin consulta previa ni garantías ambientales, vulnerando derechos fundamentales. A pesar de ello, estas comunidades han sido las principales defensoras del medio ambiente, enfrentando amenazas y asesinatos.
Colombia necesita replantear su modelo de desarrollo. Apostar por energías limpias, fortalecer la protección ambiental y promover economías sostenibles no es un obstáculo para el crecimiento, sino una oportunidad para construir un futuro más justo y equilibrado.


