En distintas regiones de Colombia persiste la creencia en el “mal de ojo”, entendido como energía negativa transmitida por envidia o miradas cargadas de intención dañina. Aunque no tiene respaldo científico, esta idea sigue viva en zonas urbanas y rurales.
En algunos hogares, especialmente cuando nace un bebé, se utilizan pulseras rojas o amuletos para protegerlo de energías negativas. Las “limpias” espirituales, realizadas con hierbas como ruda o romero, también forman parte de prácticas tradicionales.
En ciudades como Cali, es común encontrar personas que ofrecen servicios de armonización energética, lectura de aura y limpieza espiritual.
Estas prácticas reflejan una cosmovisión donde la energía es componente central del bienestar. La influencia de tradiciones indígenas y afrodescendientes ha sido clave en la preservación de estos rituales.
Más allá de su veracidad objetiva, las limpias y amuletos cumplen función psicológica: brindan tranquilidad y sensación de protección. En sociedades con alta religiosidad, estas creencias conviven con el catolicismo y otras denominaciones cristianas.
La idea de energías positivas y negativas también ha ganado terreno en discursos contemporáneos de bienestar y desarrollo personal, fusionándose con conceptos modernos como “vibración” y “manifestación”.
En Colombia, la espiritualidad no se limita a templos religiosos; se expresa también en estas prácticas populares que buscan equilibrio y armonía.


