La corrupción, advierte ALBA LUCÍA GARCÍA, dejó de ocultarse y hoy se exhibe sin vergüenza en tarimas, discursos y aplausos ciudadanos.
Más grave que su existencia es la aceptación social que la normaliza y la premia. La figura política TOLIMENSE llama a asumir responsabilidad colectiva, dejar costumbres políticas viejas y exigir coherencia.
Plantea preguntas directas sobre contratación, vigilancia, castigos, empleo y renuncias. Para García, Tolima necesita ciudadanos críticos, no promesas cómodas ni silencios cómplices ante abusos evidentes. La reflexión apunta a la dignidad pública, ética y memoria ciudadana activa.
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