Santofimio advierte deterioro ambiental por turismo que amenaza la principal fuente hídrica.
El río Combeima, columna hídrica de Ibagué, enfrenta una presión silenciosa pero constante. Con el inicio del año, cientos de visitantes llegan al Cañón del Combeima buscando descanso, comida al aire libre y contacto con la naturaleza. Sin embargo, lo que para muchos es esparcimiento termina convirtiéndose en una amenaza ambiental. Las orillas se llenan de residuos, las zonas de protección son ocupadas sin autorización y el cauce recibe descargas que alteran su equilibrio natural. Esta combinación de prácticas desordenadas acelera el deterioro de la cuenca y pone en riesgo el abastecimiento de agua potable de la ciudad.
Durante esta temporada, el aumento de los llamados paseos de olla se ha convertido en un foco de preocupación. Familias y grupos improvisan fogones, ingresan a áreas restringidas y dejan restos de comida, plásticos y envases. A esto se suma el arrastre de material provocado por las lluvias, que enturbia el agua y complica los procesos de captación. El impacto no solo es ambiental; también afecta la operación del sistema que suministra agua a miles de hogares ibaguereños.
Frente a este panorama, la Empresa Ibaguereña de Acueducto y Alcantarillado lanzó una advertencia clara. Su gerente, Roberto Santofimio, recordó que el Combeima es la principal fuente de abastecimiento de la capital tolimense y que su deterioro tiene consecuencias directas. Las crecientes súbitas, sumadas a la contaminación, obligan a suspensiones temporales y a esfuerzos técnicos adicionales para tratar el líquido. Cada conducta irresponsable en la cuenca se traduce en riesgos para la salud y el bienestar colectivo.
Desde la entidad se insiste en que la protección del río no depende únicamente de controles institucionales. La ciudadanía tiene un papel determinante al evitar arrojar residuos, respetar las franjas de protección y practicar un turismo responsable. Cuidar el Combeima significa garantizar el futuro hídrico de Ibagué, preservar un ecosistema estratégico y entender que el disfrute de la naturaleza no puede estar por encima del derecho al agua. El llamado es urgente y apunta a un cambio de comportamiento antes de que el daño sea irreversible.
La advertencia busca generar conciencia inmediata en un momento clave del calendario turístico. Si no se corrige el rumbo, las afectaciones podrían intensificarse y derivar en restricciones más severas. El mensaje es claro: disfrutar del río implica cuidarlo. La cuenca no es un balneario improvisado, sino un sistema vital que exige respeto, planificación y compromiso permanente de autoridades, comerciantes, visitantes y comunidades vecinas para asegurar agua limpia hoy, mañana y siempre para todos.




