CHOQUE POLÍTICO EXPLOSIVO

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Diana Magaly Caro enfrenta críticas intensas durante el polémico cierre de sesiones.

La confrontación que se desató en el Concejo de Santa Isabel dejó al descubierto un ambiente político cargado de tensiones, especialmente luego del fuerte cruce entre la alcaldesa Diana Magaly Caro Galindo y el concejal Jhaison Eduardo Zambrano Paz. El incidente, ocurrido durante el cierre de las sesiones ordinarias, no solo generó indignación entre los asistentes, sino que también abrió un amplio debate sobre el respeto institucional, la libertad de expresión y los límites aceptables dentro de un escenario público que debería funcionar bajo reglas claras y sin descalificaciones personales.

La discusión comenzó cuando la mandataria intentó presentar su balance administrativo, pero el concejal Zambrano señaló que la intervención debía ajustarse estrictamente al reglamento interno. Según su versión, la alcaldesa buscaba imponer un método distinto para recibir preguntas, lo que generó molestia en varios miembros del cabildo. En medio del altercado, el concejal lanzó comentarios que la mandataria consideró ofensivos, especialmente cuando cuestionó su capacidad de liderazgo y realizó comparaciones con mujeres trabajadoras del municipio. Sus afirmaciones provocaron reacciones inmediatas y elevaron aún más la tensión del momento.

Tras el cruce verbal, la alcaldesa explicó que nunca se negó a responder inquietudes, sino que solicitó que las intervenciones de los concejales se desarrollaran de forma consecutiva para garantizar un proceso ordenado. También afirmó que las faltas de respeto desde el cabildo se han vuelto repetitivas y que en varias ocasiones ha sido blanco de señalamientos que considera injustos y desproporcionados. Caro Galindo insistió en que su deber es rendir cuentas, pero remarcó que no está dispuesta a tolerar insultos bajo ningún contexto.

De su lado, Zambrano aseguró que jamás buscó atacar a la alcaldesa por su condición de mujer, sino que pretendía exigir respeto por el reglamento y evitar decisiones que, según él, dependían del “gusto” de la mandataria. Señaló que su intención era defender la institucionalidad del Concejo y recordó que el control político exige firmeza, incluso cuando surgen desacuerdos intensos. Sin embargo, sus palabras siguieron generando controversia debido al tono empleado y a las comparaciones que muchos consideraron innecesarias y despectivas.

El episodio reavivó el debate sobre la relación entre autoridades locales y la importancia de garantizar escenarios democráticos libres de insultos. Mientras sectores ciudadanos piden mesura, otros insisten en que las críticas deben mantenerse dentro de los límites del respeto. El ambiente político en Santa Isabel continúa tenso y aún no se descarta que el rifirrafe derive en acciones disciplinarias o pronunciamientos institucionales que aclaren responsabilidades y establezcan correctivos para evitar nuevos episodios similares.


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