Canadá llevó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas una advertencia sobre la creciente fragmentación del sistema internacional y, particularmente, sobre las transformaciones que están afectando la cooperación económica entre países. Durante la 81.ª sesión de la Asamblea General, la ministra canadiense de Asuntos Exteriores, Anita Anand, afirmó que el mundo atraviesa una “ruptura” del orden internacional, en lugar de una simple etapa de transición.
El pronunciamiento se produjo el 26 de septiembre de 2026, durante la intervención nacional de Canadá ante la ONU. Anand sostuvo que algunas grandes potencias se están alejando de la cooperación económica mundial y están debilitando los mecanismos de integración que durante décadas facilitaron el comercio, la inversión y las cadenas internacionales de suministro.
Frente a este escenario, el Gobierno canadiense plantea aumentar su llamada autonomía estratégica, reducir la dependencia excesiva de un solo socio comercial y profundizar las relaciones con diferentes regiones del mundo.
La posición canadiense llega en un momento de fuertes tensiones geopolíticas, cambios en las cadenas de suministro, medidas proteccionistas y mayores dificultades para mantener reglas económicas compartidas. La propia ONU ha advertido durante esta Asamblea General sobre el incremento de las divisiones internacionales y la necesidad de preservar la cooperación multilateral.
Canadá habla de una “ruptura” del sistema internacional
Uno de los principales elementos del discurso canadiense fue la descripción del momento actual como una ruptura del orden internacional.
Anand señaló que las grandes potencias están alejándose de la cooperación económica y desmantelando parte de la integración económica construida durante las últimas décadas. Según la ministra, esta situación aumenta la necesidad de que países como Canadá establezcan relaciones más diversificadas para evitar quedar excesivamente expuestos a las decisiones de un único socio.
La declaración debe entenderse dentro de un contexto internacional caracterizado por conflictos armados, tensiones comerciales, restricciones a determinados productos y tecnologías, problemas en las cadenas de suministro y una competencia cada vez mayor entre grandes potencias.
En este escenario, la interdependencia económica puede convertirse también en una herramienta de presión. Canadá y otros países que respaldaron una declaración conjunta durante la Asamblea General señalaron que la interdependencia económica está siendo utilizada como una fuente de influencia que puede afectar el comercio, las cadenas de suministro, las inversiones y la financiación del desarrollo.
Esto no significa que el comercio internacional esté desapareciendo. Por el contrario, el planteamiento canadiense apunta a que el comercio debe diversificarse y mantenerse dentro de estructuras de cooperación que permitan reducir los riesgos derivados de depender demasiado de un solo mercado.
La respuesta de Canadá: diversificar socios
Ante ese panorama, Canadá está tratando de ampliar el número de países con los que mantiene vínculos económicos y estratégicos.
La ministra Anand afirmó que Ottawa está buscando oportunidades adicionales en el Indo-Pacífico, el Golfo, América Latina, Europa y África, además de mantener relaciones con grandes economías como India y China. También destacó el acercamiento de Canadá con la Unión Europea.
La estrategia canadiense tiene un componente económico importante: el Gobierno quiere atraer inversiones, ampliar mercados para sus empresas y fortalecer sectores considerados estratégicos.
Entre ellos aparecen las tecnologías emergentes, los minerales críticos, la producción de defensa y la energía convencional y limpia.
El Gobierno canadiense asegura que durante el último año consiguió más de 20 nuevas asociaciones económicas y de defensa y que el primer Canada Investment Summit, celebrado en septiembre, generó compromisos de financiación cercanos a los 500.000 millones de dólares canadienses para inversiones en el país. Estas cifras corresponden a compromisos anunciados por el Gobierno canadiense y no equivalen necesariamente a inversiones ya desembolsadas.
Una nueva alianza para defender el multilateralismo
La respuesta de Ottawa no se limita a buscar acuerdos bilaterales. Canadá también está intentando construir nuevas coaliciones internacionales.
Durante la Asamblea General, Canadá participó en el lanzamiento de Partners for Multilateralism, una coalición inicialmente impulsada junto con Australia, Barbados, Brasil, la Unión Europea, India y Kenia.
El objetivo declarado es respaldar el multilateralismo, el derecho internacional y la paz, además de promover reformas de las instituciones internacionales para hacerlas más representativas y eficaces. Posteriormente se sumaron otros países europeos y latinoamericanos, entre ellos España y Uruguay.
Para Canadá, las alianzas entre países de diferentes tamaños pueden servir como una forma de responder a problemas que ningún Estado puede solucionar por sí solo.
La estrategia también busca que las llamadas potencias medias tengan mayor capacidad de coordinación frente a las decisiones de las grandes potencias.
¿Qué está pasando con el comercio mundial?
La advertencia canadiense ocurre en un momento en el que las relaciones económicas internacionales atraviesan una transformación importante.
Durante años, buena parte de la economía mundial se desarrolló bajo un modelo caracterizado por cadenas de producción distribuidas entre varios países. Una empresa podía diseñar un producto en un país, fabricar determinados componentes en otro, ensamblarlo en un tercero y venderlo posteriormente en diferentes mercados.
Ese modelo permitió reducir costos y aumentar el comercio, pero también generó una fuerte dependencia entre economías.
Las crisis recientes han demostrado que una interrupción en un punto de la cadena puede tener consecuencias en otros lugares. Las guerras, las restricciones comerciales, los problemas logísticos, los cambios en los precios de la energía y las tensiones entre grandes potencias han aumentado el interés de los gobiernos por contar con proveedores alternativos.
Por eso, conceptos como diversificación comercial, seguridad económica, autonomía estratégica y resiliencia de las cadenas de suministro han adquirido mayor importancia.
La declaración conjunta impulsada por Canadá durante la Asamblea General precisamente reconoce que la creciente utilización de la interdependencia económica como mecanismo de presión puede afectar el comercio, las cadenas de suministro y la inversión.
La advertencia canadiense también tiene una dimensión nacional
Para Canadá, la discusión no es únicamente internacional.
El Gobierno de Mark Carney ha planteado que el país debe fortalecer su economía interna mientras amplía sus relaciones externas. La estrategia incluye aumentar la inversión dentro del territorio canadiense y reducir la vulnerabilidad derivada de una excesiva concentración de sus relaciones comerciales.
Anand sostuvo ante la ONU que Canadá ya está aumentando sus exportaciones hacia mercados fuera de Norteamérica y que pretende ampliar aún más esa diversificación.
Esta posición también está relacionada con la relación económica históricamente estrecha entre Canadá y Estados Unidos.
Estados Unidos continúa siendo un socio fundamental para Canadá, pero Ottawa busca que la economía canadiense tenga mayores alternativas comerciales y de inversión.
En términos económicos, diversificar no significa abandonar a un socio. Significa evitar que una economía quede demasiado expuesta a los cambios políticos, comerciales o regulatorios de un único mercado.
¿Qué tiene que ver esto con Colombia?
La advertencia canadiense también permite observar un problema relevante para economías como la colombiana: la relación entre importar productos y fortalecer la producción nacional.
Colombia tiene una economía abierta al comercio internacional y necesita importar determinados productos. Por eso, no sería correcto afirmar que todas las importaciones son negativas.
De hecho, una parte importante de las compras externas corresponde a bienes que las empresas colombianas necesitan para producir: maquinaria, equipos, materias primas, componentes, tecnología y otros insumos.
El propio Banco de la República señala que las importaciones pueden abaratar determinados insumos utilizados por las empresas y que los bienes de capital importados pueden contribuir a la inversión productiva.
El problema aparece cuando las importaciones sustituyen de manera significativa a productos que sí pueden ser producidos competitivamente dentro de Colombia, especialmente cuando esa sustitución afecta sectores con capacidad productiva, empleo y encadenamientos nacionales.
Colombia registró un fuerte aumento de las importaciones
Las cifras más recientes del DANE muestran que esta discusión tiene relevancia para Colombia.
En julio de 2026, las importaciones colombianas alcanzaron US$7.968,1 millones CIF, un incremento de 22,9 % frente a julio de 2025.
Las manufacturas representaron el 72,5 % del valor total de las importaciones, mientras que los productos agropecuarios, alimentos y bebidas representaron el 13,9 %.
Al mismo tiempo, las exportaciones colombianas llegaron en julio a US$4.690,7 millones FOB, con un crecimiento anual de 5,9 %.
El resultado fue un déficit de la balanza comercial de US$2.797,8 millones FOB en julio de 2026, frente a un déficit de US$1.694,2 millones registrado en julio de 2025.
Estas cifras no significan que importar sea automáticamente perjudicial. Sí muestran, sin embargo, que las compras externas crecieron mucho más rápidamente que las exportaciones durante ese mes, ampliando el déficit comercial.
¿Por qué puede ser negativo comprar un producto importado cuando existe uno colombiano?
Cuando un consumidor colombiano compra un producto fabricado en Colombia, el gasto puede generar una cadena económica interna.
Por ejemplo, la compra de un alimento producido en el país puede beneficiar al agricultor que suministra la materia prima, al transportador, a la planta procesadora, a los trabajadores, a los distribuidores y finalmente al comercio que vende el producto.
Una parte importante del dinero permanece circulando dentro de la economía nacional.
Cuando el mismo producto es importado, una parte mayor del valor generado durante la producción se queda en el país de origen.
Esto puede tener varios efectos cuando se produce de forma generalizada y en sectores donde Colombia sí tiene capacidad de producción.
1. Menor demanda para productores nacionales
Si los consumidores sustituyen productos colombianos por productos importados, las empresas nacionales reciben menos demanda.
Una caída sostenida de las ventas puede llevar a las empresas a reducir producción, aplazar inversiones o disminuir contrataciones.
El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ha señalado precisamente que una de sus políticas de reindustrialización busca aumentar la utilización de la capacidad productiva instalada, fortalecer los encadenamientos productivos y contribuir a la generación y sostenibilidad del empleo.
2. Riesgo para el empleo nacional
La producción nacional genera puestos de trabajo directamente y también mediante proveedores.
Una fábrica no solamente emplea a quienes trabajan dentro de sus instalaciones. También demanda transporte, mantenimiento, servicios, empaques, materias primas, energía, almacenamiento y distribución.
Cuando un producto que podría fabricarse localmente es reemplazado por uno extranjero, parte de esa cadena económica puede reducirse.
Por eso, el Ministerio de Comercio ha relacionado el fortalecimiento de la producción nacional con la utilización de la capacidad instalada, los encadenamientos productivos y la sostenibilidad del empleo.
3. Mayor presión sobre la balanza comercial
Si un país importa constantemente más bienes de los que exporta, puede generarse un déficit comercial.
En julio de 2026, Colombia registró precisamente un déficit comercial de US$2.797,8 millones FOB.
Sin embargo, este dato debe interpretarse con cuidado: un déficit comercial no es por sí solo una señal de crisis. Su importancia depende de qué se está importando, para qué se utilizan esos bienes, cómo se financian las compras externas y cuál es la capacidad del país para generar ingresos mediante exportaciones y otras fuentes externas.
4. Menor desarrollo de determinadas industrias nacionales
Existe también una cuestión de largo plazo.
Si las empresas nacionales enfrentan una competencia externa muy fuerte y pierden participación de mercado de forma permanente, pueden tener menos incentivos o recursos para invertir en maquinaria, investigación, innovación y ampliación de capacidad.
Esto puede dificultar el desarrollo de cadenas industriales completas.
Por esa razón, el Gobierno colombiano ha planteado medidas diferenciadas para sectores donde existe producción nacional que puede ampliarse, al tiempo que busca mantener el acceso a insumos estratégicos que no se producen suficientemente en el país.
Pero importar también puede ser beneficioso para Colombia
Este punto es fundamental para entender correctamente el debate.
No todas las importaciones deberían sustituirse por productos nacionales.
Una economía necesita importar bienes que no produce o que produce en cantidades insuficientes.
Las importaciones de maquinaria, tecnología, equipos especializados, materias primas o componentes pueden aumentar la productividad de las empresas colombianas.
El Banco de la República ha señalado, por ejemplo, que durante 2025 el crecimiento de la inversión en maquinaria y equipo estuvo acompañado por mayores importaciones de bienes de capital.
También puede ocurrir que importar determinados productos reduzca los costos para consumidores y empresas.
Por eso, la discusión económica no debería plantearse simplemente como “importar es malo” frente a “producir nacional es bueno”.
La cuestión central es determinar qué se importa, qué se puede producir competitivamente en Colombia y qué tipo de importaciones ayudan a aumentar la capacidad productiva del país.
El verdadero desafío: importar lo necesario y producir más de lo que Colombia puede hacer
El debate canadiense sobre el nuevo orden económico internacional tiene una conexión importante con este punto.
La experiencia reciente ha llevado a muchos países a intentar construir economías menos vulnerables a interrupciones externas.
Para Colombia, eso puede traducirse en fortalecer sectores capaces de generar valor agregado, empleo, tecnología y exportaciones.
La estrategia no necesariamente consiste en cerrar las puertas a los productos extranjeros.
Puede consistir en desarrollar una producción nacional suficientemente competitiva para que los consumidores tengan alternativas colombianas y, al mismo tiempo, facilitar la importación de aquello que las empresas necesitan para producir más y mejor.
El consumidor también cumple un papel
La decisión de comprar un producto colombiano cuando existe una alternativa nacional competitiva puede contribuir a mantener la demanda interna.
Esto es especialmente relevante para pequeñas y medianas empresas, productores agrícolas, fabricantes y emprendimientos que dependen principalmente del mercado nacional.
Pero para que esta estrategia funcione, la producción nacional también debe ofrecer calidad, precio, disponibilidad e innovación.
No basta con pedir a los consumidores que compren productos colombianos si estos no son competitivos o si existen problemas de abastecimiento.
El fortalecimiento de la producción nacional requiere, por tanto, inversión, infraestructura, tecnología, financiación, capacitación laboral y mejores condiciones para que las empresas puedan competir.
Canadá apuesta por una economía menos dependiente
El planteamiento canadiense ante la ONU refleja precisamente esta preocupación.
Ottawa está intentando combinar dos objetivos: mantener su participación en el comercio mundial y, simultáneamente, reducir la dependencia excesiva de determinados socios.
La ministra Anand afirmó que Canadá buscará fortalecer sus capacidades estratégicas en sectores como tecnologías emergentes, minerales críticos, defensa y energía, mientras amplía sus relaciones comerciales con diferentes regiones.
El Gobierno canadiense también considera que las alianzas multilaterales pueden servir para afrontar problemas que trascienden las fronteras nacionales.
La iniciativa Partners for Multilateralism es parte de esa estrategia y busca fortalecer las instituciones internacionales y promover una mayor cooperación entre países.
Un escenario internacional cada vez más fragmentado
La advertencia canadiense coincide con un diagnóstico más amplio expresado durante la Asamblea General de la ONU.
El secretario general António Guterres sostuvo en su discurso de apertura que las divisiones internacionales se están profundizando y llamó a preservar la cooperación frente a la fragmentación. La ONU ha planteado la necesidad de mantener reglas compartidas en ámbitos como la economía, el cambio climático, la inteligencia artificial, los derechos humanos y la seguridad internacional.
En ese contexto, el mensaje canadiense combina una defensa del multilateralismo con una estrategia para aumentar su margen de maniobra económico.
La lógica es que un país puede estar abierto al comercio mundial y, al mismo tiempo, procurar que sus cadenas productivas sean suficientemente fuertes y diversificadas para resistir cambios repentinos en los mercados internacionales.
El mensaje para Colombia
La discusión también ofrece una referencia para Colombia.
Las cifras del DANE muestran que las importaciones crecieron 22,9 % en julio de 2026, mientras las exportaciones aumentaron 5,9 %. La diferencia contribuyó a un déficit comercial de US$2.797,8 millones FOB durante ese mes.
Esto no significa que Colombia deba dejar de importar. Significa que el país enfrenta el desafío de fortalecer su capacidad productiva y exportadora para que una mayor demanda interna también genere oportunidades para empresas y trabajadores colombianos.
Comprar productos nacionales cuando existe una alternativa competitiva puede ayudar a sostener las cadenas productivas locales. Al mismo tiempo, importar maquinaria, tecnología, materias primas y otros bienes necesarios puede permitir que esas mismas empresas aumenten su productividad.
La clave está en encontrar un equilibrio entre integración internacional y capacidad productiva propia.
En última instancia, la advertencia de Canadá ante la ONU refleja una transformación más amplia de la economía mundial: los países están buscando mantener los beneficios del comercio internacional, pero también quieren reducir las vulnerabilidades derivadas de depender demasiado de un único mercado, proveedor o socio.
Para Colombia, el desafío consiste en aprovechar esa transformación para fortalecer su industria, aumentar el valor agregado de sus productos, diversificar sus exportaciones y lograr que una mayor parte del consumo interno se traduzca en producción, empleo e inversión dentro del país, sin renunciar a las importaciones que resulten necesarias para modernizar y hacer más competitiva la economía.



