Bolivia valida la soberanía de Chile en su frontera norte

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En lo que representa uno de los movimientos geopolíticos más significativos de la década en el Cono Sur, el Gobierno de Bolivia ha roto con años de retórica confrontativa para adoptar una postura de pragmatismo frente a las políticas de seguridad de su vecino, Chile. El canciller boliviano, Fernando Aramayo, sorprendió a la comunidad internacional al declarar que su nación no solo comprende, sino que respeta la decisión soberana del gobierno de José Antonio Kast de levantar barreras físicas en la frontera compartida.

El fin de una era de tensiones Históricamente, la relación entre La Paz y Santiago ha estado marcada por la herida abierta de la mediterraneidad boliviana y la ausencia de relaciones diplomáticas plenas desde 1962. Sin embargo, este 2026 parece marcar un punto de inflexión donde la seguridad nacional prima sobre las disputas históricas. «Somos respetuosos de las decisiones soberanas de los Estados… eso es lo que pedimos también, que no se cuestionen las decisiones de nuestro Gobierno», afirmó Aramayo, enviando un mensaje claro de reciprocidad diplomática.

Hacia un nuevo orden fronterizo Este respaldo tácito llega en un momento crítico. Chile ha iniciado el despliegue de maquinaria pesada para intervenir cerca de 500 kilómetros en las regiones de Arica, Tarapacá y Antofagasta. Mientras Bolivia mantiene su postura de no intervención, ambos ministerios de relaciones exteriores han confirmado que las «puertas están abiertas» para retomar mesas de trabajo técnicas. El objetivo es que la construcción de estas barreras no entorpezca los tratados de libre tránsito comercial, sino que actúe exclusivamente contra los flujos de ilegalidad que afectan a ambas naciones.


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