La alerta está encendida en Ibagué y el panorama no es alentador. Las lluvias que se aproximan podrían desatar una crisis de grandes proporciones, especialmente en la zona rural, donde el número de familias en riesgo sigue siendo incierto. Así lo advirtió el secretario de Ambiente, Harold Wilches, quien aseguró que las afectaciones ya son evidentes y podrían empeorar en cuestión de días.
Según el funcionario, la falta de cifras exactas sobre los hogares vulnerables no reduce la gravedad de la situación. Por el contrario, revela la magnitud del problema, ya que extensas áreas del campo podrían resultar damnificadas ante una temporada invernal más intensa. A diferencia de la ciudad, donde las emergencias se atienden con mayor rapidez, en las veredas el acceso es limitado y las ayudas tardan en llegar.
Los campesinos ya están sintiendo el golpe. Pérdidas en cultivos y daños en sus tierras agravan la crisis económica de muchas familias que dependen del campo para sobrevivir. Sin embargo, hay un enemigo silencioso que está empeorando todo: la basura.
Wilches fue contundente al señalar que el mal manejo de residuos está contribuyendo directamente a las inundaciones. Muebles, colchones y hasta sanitarios terminan bloqueando canales y desagües, impidiendo el flujo del agua durante las lluvias. Aunque reconoció fallas en el sistema de alcantarillado, insistió en que el comportamiento ciudadano es clave. La Alcaldía urge a la comunidad a actuar antes de que la emergencia se salga de control.




