Eran las doce de la noche cuando en la tranquila oscuridad del valle escondido, entre las montañas del sector conocido como La Vega de Platanares, Huila se escucharon varias detonaciones de arma de fuego, las que, como un trueno, recorrieron el espacio y despertaron la tragedia.
La campana de la muerte dobló con sus doce sonidos de angustia, cuando la guadaña se hundía en el cordón de la vida para cortar la existencia, primero de Jeferson Felipe Gomez Ortiz, un joven conocido en la región como «Porrón» y después colgarse hasta romper los hilos de la vida de Juan Carlos López Medina.
Según los testimonios, al parecer en un establecimiento público, se originó una discordia que terminó con la muerte de los dos amigos. Primero dispararon contra Yeferson, y cuando Juan Carlos salió a auxiliarlo, al verlo herido en el suelo, le propinaron un impacto en el pecho que le arrebató la vida.
De acuerdo a testigos, los homicidas serían dos hombres que habían llegado a la región y se trataría de un padre y su hijo aún sin identificar, y sin que se conozcan los móviles del doble crimen.
Juan Carlos era hijo de don Nabor López Bolaños y doña Rubiela Medina, además padre de dos hijos menores de edad y había llegado desde Bogotá a trabajar en una finca como partijero.


