En la última semana, la recta que conecta a Cali con Palmira se ha convertido, como la canción de ACDC, en una autopista hacia el infierno. Más de ocho accidentes se registraron en este tramo, dejando como saldo cinco víctimas fatales y múltiples heridos. La magnitud de los hechos ha encendido las alarmas en Palmira, donde la Secretaría de Movilidad reaccionó con medidas de forma rápida: refuerzo de controles, campañas de prevención y algo de presencia en la zona.
Sin embargo, el contraste es evidente. Mientras Palmira intenta contener la crisis, en Cali el secretario de Movilidad, Gustavo Orozco, no ha tomado acción alguna. La ausencia de medidas en la capital del Valle genera indignación y críticas, pues la vía es compartida y requiere coordinación conjunta, y ahora solo es un corredor de tragedias. La comunidad exige respuestas y acciones reales, no discursos vacíos. Cada accidente recuerda que la falta de gestión también cobra vidas,




