Aniversario #42 del terremoto que sacudió Popayán

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Era un Jueves Santo cuando, a las 8:12 a. m., un terremoto sacudió la Ciudad Blanca, dejando a su paso muerte, destrucción y un profundo impacto en la memoria de sus habitantes. En cuestión de segundos, miles de viviendas, iglesias y edificios colapsaron, mientras cientos de personas que se preparaban para los actos religiosos perdieron la vida. El saldo de esta tragedia fue devastador: 250 personas fallecieron, 1.500 resultaron heridas, 4.964 construcciones quedaron completamente destruidas y 13.796 más sufrieron daños severos.

Las destrucciones

El movimiento telúrico tuvo una magnitud de 5,6 Mw y una profundidad de 15 km. La tragedia evidenció la necesidad de cambiar las técnicas de construcción en el país, ya que muchas edificaciones no estaban preparadas para resistir un sismo de tal magnitud. Las poblaciones más afectadas fueron Popayán, Cajete, Cajibío, Julumito y Timbío.

Las imponentes construcciones coloniales que daban identidad a Popayán se desplomaron una tras otra, dejando en ruinas siglos de historia. La Semana Mayor, el evento religioso más importante de la ciudad, quedó interrumpida abruptamente. En cuestión de segundos, la tradición fue sustituida por el miedo y la desesperación de los habitantes, quienes intentaban rescatar a sus seres queridos entre los escombros. El terremoto dejó a miles de familias sin hogar y a toda una comunidad en un estado de incertidumbre.

A pesar del dolor y la destrucción, la esperanza nunca se apagó. Los payaneses, con esfuerzo y unión, comenzaron la ardua tarea de reconstrucción. Durante años, la ciudad trabajó incansablemente para levantarse de las ruinas y recuperar su esplendor. La resiliencia de sus habitantes permitió que Popayán renaciera, conservando su esencia y su legado histórico.


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