Luz Mary Suarez, afectada.
Más de 200 familias de Villa Arauquita, en Ricaurte, piden frenar un posible desalojo y reclaman soluciones de vivienda digna. La angustia crece entre los habitantes de la Invasión Villa Arauquita, en Ricaurte, Cundinamarca, donde más de 200 familias aseguran estar en riesgo de quedar en la calle. Los residentes ocupan el predio desde 2023 y afirman que fueron notificados sobre un posible operativo de desalojo que podría realizarse en cualquier momento, con acompañamiento de la fuerza pública. El asentamiento está conformado, en su mayoría, por personas que aseguran haber sido víctimas de desplazamiento por la violencia, además de adultos mayores, niños y madres cabeza de familia que, según manifiestan, no cuentan con recursos suficientes para asumir el costo de un arriendo.
La incertidumbre mantiene preocupados a los residentes, quienes solicitan la intervención de la administración municipal y de las entidades departamentales y nacionales para encontrar una alternativa que les permita permanecer en el lugar o acceder a una solución habitacional. Luz Mary Suárez, desplazada de Buenaventura, es una de las habitantes que teme quedarse sin techo. Según relató, no cuenta con un empleo estable y sobrevive vendiendo rifas y realizando labores de aseo en viviendas, actividades con las que no alcanza a reunir el dinero necesario para pagar un alquiler.
La mujer hizo un llamado al alcalde de Ricaurte y al Gobierno nacional para que escuchen a las familias antes de cualquier procedimiento. “No tenemos dónde más vivir”, es el reclamo que se repite entre los residentes, quienes esperan que se busquen alternativas para evitar que el desalojo termine dejando a cientos de personas en condición de vulnerabilidad. Mientras avanzan las gestiones, las familias permanecen en alerta ante la posibilidad de que las autoridades lleguen al asentamiento.


