Cercano a las 8:30, mientras la noche ya se estaba silenciando, un violento sonido seco prendió las alarmas en el barrio Alameda. Hace unos pocos instantes un hombre pasaba por detrás del D1 con paso lento y desgarbado. En su espalda, sin enterarse, se acercaban dos motos con placas cubiertas, patrulleros hombres y cascos polarizados.
Cuando el hombre se dio cuenta de ello, la situación era demasiado tarde, los hombres ya habían sacado sus armas, las bocas frías en un instante iban a humear con olor a pólvora. Sonó el primer estruendo de varios que le seguirían. Con las balas atravesadas, el hombre cayó sobre su espalda, mientras un charco carmesí lo impregnaba y dañaba su linda camiseta gris y sus bermudas blancas. El hombre, con la mirada perdida viendo al cielo, solo pudo distinguir la sombra de los testigos que se posaban sobre él, algunos llamando a las autoridades, otros en pánico, algunos grabando y tomando fotos.
Llegada de las autoridades
Cuando llegaron las autoridades, solo había un bulto de carne frío y húmedo en su propia sangre, así que inició el procedimiento necesario: un acordonamiento rutinario, un cuerpo que levantaron como todos los que se han levantado en la villa de las palmas, sábanas blancas, preguntas a los testigos que vieron lo sucedido y cómo huyeron los perpetradores a toda velocidad. Tomaron fotos, reportes, objetos y al final abrieron la investigación.
Comunidad
La comunidad no se ha expresado mucho en redes sociales más allá de los banales dolores que se expresan y los comentarios de una limpieza que necesita el valle o que ya Palmira «no es un buen vividero», pero todo sonando a frase de cajón. Por parte del occiso, no se conoce mucho de él más allá de un apodo que se mencionó en redes sociales como ‘Chiverita’, pero no más allá de eso
El homicidio se suma a una serie de hechos que han marcado la ciudad, dejando en evidencia la persistencia de dinámicas criminales que desafían los esfuerzos institucionales. La Policía Metropolitana aseguró que continuará con los actos urgentes y la recolección de evidencias para esclarecer lo ocurrido y dar con los responsables. La comunidad, mientras tanto, permanece entre la resignación y la exigencia de mayor seguridad, consciente de que cada nuevo crimen erosiona la confianza y la tranquilidad en los barrios.




