En el municipio de Ataco, la alarma sanitaria sigue encendida. Más de 600 personas se resisten a aplicarse la vacuna contra la fiebre amarilla, pese a que el brote reciente dejó un saldo trágico de 10 fallecidos y al menos 27 casos confirmados. La situación tiene en máxima alerta a las autoridades locales, que insisten en que la inmunización es la única herramienta efectiva para frenar la propagación de esta enfermedad potencialmente mortal.
El alcalde Héctor Fabio Muñoz manifestó su preocupación ante la negativa de un sector de la comunidad que, aun conociendo las consecuencias, continúa rechazando el biológico. Según explicó, la administración municipal ha desplegado jornadas intensivas de vacunación casa a casa, además de instalar puntos en el casco urbano, veredas y accesos principales al municipio, en articulación con la Secretaría de Salud del Tolima, el Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Salud.
Sin embargo, los esfuerzos no han sido suficientes para convencer a todos. El mandatario reiteró el llamado urgente a la población, recordando que el brote golpeó con dureza al territorio y que cada persona sin vacunar representa un riesgo colectivo. A esto se suma la presencia de una población flotante superior a 4.500 personas, vinculada principalmente a actividades mineras, lo que complica el control epidemiológico.
Las autoridades continúan los barridos en zonas rurales y de difícil acceso, advirtiendo que la fiebre amarilla no da espera. El mensaje es contundente: vacunarse puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.




