Casi diez meses después de los hechos de violencia que alteraron la tranquilidad de las veredas La Primavera y El Diviso, en el resguardo indígena de Paniquitá, 78 hogares víctimas del conflicto armado comenzaron a recibir ayudas humanitarias orientadas a mejorar sus condiciones de vida. La entrega representa un respaldo para familias que aún enfrentan las consecuencias de una crisis que dejó confinamiento, desplazamiento, temor y afectaciones en su cotidianidad.
Los hechos registrados el 9 de octubre de 2025 generaron una emergencia humanitaria en este territorio de Totoró. En ese momento, las comunidades denunciaron enfrentamientos entre actores armados, restricciones a la movilidad, suspensión de actividades escolares y un ambiente de inseguridad que obligó a solicitar la intervención de las autoridades y de organismos humanitarios. La situación se agravó con el asesinato del líder indígena Willer Gallego Mazabuel y de su hijo adolescente, un hecho que conmocionó al departamento y evidenció la vulnerabilidad de la población civil.
Stiven Caicedo, uno de los beneficiarios de la jornada, destacó que este tipo de iniciativas representan un apoyo para las familias que buscan reconstruir sus proyectos de vida. Además del acompañamiento institucional, resaltó el espacio de convivencia desarrollado durante la entrega, el cual permitió compartir con otras personas afectadas, fortalecer la integración comunitaria y generar un ambiente de solidaridad en medio del proceso de recuperación.
Durante la jornada fueron distribuidos 124 kits de hábitat, 78 kits de menaje de cocina y 78 linternas, elementos destinados a fortalecer las condiciones básicas de habitabilidad de los hogares afectados. La actividad fue posible gracias al trabajo articulado entre la Administración Municipal y organismos de cooperación humanitaria internacional, que unieron esfuerzos para brindar una respuesta a las necesidades identificadas en las comunidades.
La programación también incluyó actividades deportivas y espacios de integración dirigidos a las familias beneficiarias, entendiendo que la recuperación no solo depende de la entrega de elementos materiales, sino también del fortalecimiento de los lazos comunitarios y del acompañamiento emocional de quienes han vivido los efectos del conflicto armado.
Aunque estas ayudas representan un alivio para decenas de hogares, las comunidades coinciden en que la reparación integral requiere acciones sostenidas que permitan recuperar las condiciones de seguridad, estabilidad y bienestar en un territorio que continúa enfrentando las secuelas de la violencia.

